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miércoles, 17 de septiembre de 2014

LA BORRACHERA DEL PODER, LOS LLEVARÁ A LA TUMBA...

Leyendo hace unos días una reseña de la revista Foreign Affairs sobre el libro de Owen (político y médico británico que escribía en 2008): “En muchos jefes de Estado, la experiencia del poder les provoca cambios psicológicos que los conducen a la grandiosidad, al narcicismo y al comportamiento irresponsable. Líderes que sufren de este síndrome hubris(arrogancia, enfermos del poder) ‘político’ creen que son capaces de grandes obras, que de ellos se espera grandes hechos, y creen saberlo todo y en todas las circunstancias, y operan más allá de los límites de la moral ordinaria”.
Cuantos temblores estamos notando en nuestros políticos, algunos con ciertas prisas preparando las maletas, otros quitando todo rastro de corrupción, no vaya ser que busquen las incongruencias de sus decisiones y de sus bolsillos. Algunos lloraran  porque les quitarán las placas de tantas inauguraciones y tanta borrachera de adulaciones. Se acabaran las  ”paellas” recoge votos. Empezarán adelgazar, pues las suculentas comidas pagadas por los ciudadanos se acabarán, no necesitaran hacer una dieta, la vida se la impondrá. Los miedos los acorralan, porque saben que antes o después serán expulsados por los mismos que los encumbraron en el poder… Así es la vida, la historia no perdona, pagaran por esa verborrea pagana e inmoral que durante tantos años han cultivado, y como dice la frase bíblica habrá lloro, que es el resultado del dolor indescriptible por los remordimientos del deber no cumplido.
Sabemos además, que durante este tiempo de poder, lo que buscaban era tener una jubilación asegurada, y claro está, a costa de los ciudadanos, y que estos, no tienen ni para dar de comer a sus hijos… A ellos no les interesa las preocupaciones de su pueblo, solo la fachada para que siempre hablen bien de ellos.
El diagnóstico de estos políticos o enfermos del poder, están el uso del poder para autoglorificarse, pérdida de contacto con la realidad, preocupación exagerada por su imagen y la creencia de que solo Dios o la historia puede juzgarlos; pero el remedio lo conocen aunque escasea en el país: la humildad.
Espero y ansío que esto cambie, que los ciudadanos tomen conciencia del camino que hay que recorrer. Sigo teniendo la esperanza de que existe “gente buena” y que tirarán del carro con las manos limpias…